lunes, 22 de junio de 2009

LUNES


Tengo clarísimo que a nadie le simpatiza el lunes. Yo lo desprecio con toda mi alma. Nos quita la ilusión de ser libres que nos da el fin de semana. Nos recuerda que tenemos responsabilidades ineludibles. Hace que regresemos al estrés de la vida cotidiana. Lo curioso es que sé que hay a quien le molesta más el martes que el lunes. Argumentan que el lunes por lo menos tiene fresco el recuerdo de la diversión, del descanso, pero que ya en el segundo día de la semana, ese aroma de libre albedrío está muy lejos hacia atrás y hacia adelante. Yo creo que el martes por lo menos ya llevamos un pequeño tramo recorrido de la tortura que representa la semana laboral. Este tema es un típico caso de "vaso medio lleno o vaso medio vacío". Supongo que entonces los que prefieren el martes son personas que tienden al pesimismo. En cuanto al miércoles, no hay discusión, es el grato recordatorio de que ya vamos a la mitad. El jueves es el nuevo viernes, y de este, ya lo dijo Lucerito, amerita agradecerle a Dios que haya llegado. El sábado es por unanimidad el día preferido de cualquiera, y el domingo, aunque en esencia podría ser un día igual de disfrutable que el sábado, está opacado por la sombra de el implacable lunes. En fin, para casi todo el mundo, el lunes representa el inicio de la semana. Pero resulta que en portugués el lunes se llama "Segunda"... Los días en portugués van como sigue: Segunda, terça, quarta, quinta, sexta, sábado e domingo... ¿Se dan cuenta? ¡No hay "Primera"! ¡Me parece muy inteligente, si no se menciona el inicio de la semana, es casi como si no existiera. O como si se iniciara en domingo, entonces en lugar de estar desperdiciando el último día de descanso en lamentarse que hay que volver a empezar. Crear una ilusión lingüistica de que ya se hubiera iniciado la semana, con el plus de que todavía no hay que ir a trabajar. Creo que de hecho esa es la idea también en la semana litúrgica de la tradición cristiana, lo malo es que se nos olvida. Por eso la palabrita ayuda... De ahora en adelante, para hacerlo más agradable, llamemos Segunda al lunes.


viernes, 19 de junio de 2009

Mi otro hijo.



Nunca les he contado, pero tengo otro hijo. De hecho fue el primero. Con él me entrené en la responsabilidad de cuidar a un ser vivo. Por él lloré tres días seguidos una vez que se perdió. Con él corrí al doctor (veterinario) cuando se enfermaba. Por él, mi departamento de soltera se convirtió en un hogar al que tenía que regresar, pues había un ser vivo que esperaba mi llegada (y claro, que le diera de comer). Se llama Mio, y gracias a él conozco la fascinante vida gatuna. Pero un día (y para su mala suerte) tuve un bebé, y de ser el consentido, pasó a ser el juguete de mi niño. Al final, me parece que no le disgusta nada que alguien le haya puesto atención otra vez desde que lo desplazaron de su trono de "rey de la casa".
Una mascota es un elemento importante en la vida de una persona. Como bien dicen aquí, no sólo es un animal de compañía; también es un amuleto de buena suerte. Esto se puede ver de muchas maneras, pero me parece que básicamente se refiere a lo sano que puede ser el desarrollo emocional que uno logra al llevar una relación con un animal doméstico. Inclusive existen terapias curativas que están basadas en el efecto positivo de ese tipo de vínculo afectivo. He de confesar que antes de Mio tuve mascotas con las que nunca logré tal rapport. Quizás sea un asunto de "química", como la que se da entre humanos. También dicen que los gatos escogen a su dueño. A lo mejor eso pasó, que para los animales anteriores no estaba yo en su destino como dueña. Sea por la razón que fuere, este gato sí que me hizo entender el idilio que tantas personas tienen con sus mascotas. Y ahora, como un miembro más de la familia que ya somos, también trae consigo problemas que hay que resolver, como que un gato callejero anda invadiendo sus territorios. Un round más que ganar en el mundo de batallas domésticas que libro día a día. Pero, si no estuviera la vida llena de estos "problemas", qué fácil y aburrido sería todo, ¿no?

miércoles, 17 de junio de 2009

Un día de 27 horas.


El tiempo no me rinde. Hay demasiadas cosas que hacer. Y pareciera que todo es igual de importante que lo demás. Siento que no me alcanza la vida más que para lo básico (y eso, si me apuro). Hacer esas cosas que uno tiene ganas de, pero que nunca puede, (como archivar papeles, ordenar cajones, imprimir fotos, etc.) es casi una utopía. Además, vivo eternamente con sueño. Pero esto no es nuevo. Cuando trabajaba en una oficina me sentía igual. Así que supongo que esta sensación no tiene que ver con el tipo de trabajo que se hace. Tomar vacaciones implica apurarse a resolver infinidad de asuntos, y regresar representa enfrentar miles de pendientes y complicaciones que se dieron a raíz de nuestra ausencia. ¿Quién no ha soñado en tener "vacaciones de las vacaciones"? Supongo que mucha gente, independientemente de las actividades que tenga que cumplir de sol a sol, comparte mi frustración. Por eso, propongo que la jornada se alargue a, por lo menos, 27 horas. De ese tiempo extra, yo emplearía dos terceras partes para dormir. La restante la usaría para avanzar poco a poco en las actividades "extracurriculares" que mencioné antes. Aunque tres horas suenan a muy poco. ¿Servirían de algo? Quizás de todas maneras me seguiría lamentando de que no hago todo lo que me gustaría; tampoco estaría suficientemente descansada... Entonces olvídenlo, dejemos todo como está. Pero eso sí: si ven una oportunidad de hacer algo fuera del programa rutinario, háganlo, ¡que es ahora o nunca! Ya lo dice bien el viejo y conocido refrán (por cierto,me encantan los dichos): "No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy". ¡Bendita sabiduría popular!

lunes, 15 de junio de 2009

¿A dónde van los calcetines?


Tengo una bolsa de calcetas "nones", las cuales guardo ahí con la esperanza de que llegue el día en que encuentre sus semejantes. Algunos logro reunirlos, otros se quedan impares para siempre. El problema es que rara vez guardo la ropa limpia sin que aparezca otro calcetín que perdió a su compañero. Y sé bien que mi casa no es el único lugar en donde esto pasa. Desde que era niña detecté el fenómeno; sucedía entonces que yo no organizaba el hogar y continúa ahora que llevo el orden de mi propio nidito. Tengo claro que el problema no es de mi familia, y que no es ningún tipo de mala organización por herencia genética, pues he comentado esta anormalidad con muchas personas. Como prueba fehaciente de que sucede en todos lados, tengo un muñeco que una conocida le regaló a mi hijo: el mono está hecho de puras medias que perdieron a su igual. La pregunta entonces es la que da título a este post. No pueden desaparecer en el aire, en algún paraje deben encontrarse. Jerry Seinfeld alguna vez dijo que los calcetines huyen porque odian su vida: "Su destino es cubir pies apestosos y estar en el cajón más aburrido de todos". El comediante planteaba que su paso por secadora era el momento que ellos aprovechan para escapar. Se quedan pegados en el cilindro de dicho electrodoméstico (es cierto, yo los he visto) y entonces, cuando creemos que ya tenemos toda nuestra ropa limpia, huyen. Ok, ya sabemos cómo pasa y no podríamos culparlos ante la perspectiva de semejante vida. Pero aún aceptando esa teoría, sigue la incógnita sin responder. ¿En dónde se meten? Como nadie ha logrado encontrar el escondite aún, yo les recomiendo fijarse bien cuando saquen la ropa de la lavadora o de la secadora. Así les damos menos oportunidades de escabullirse... Tener uno de estos secadores de calcetines también ayudaría. ¿No está genial?

viernes, 12 de junio de 2009

Manifiesto contra los zapatos de tacón


Ayer tuve otra reunión de trabajo, y otra vez se me hizo tarde. Vaya, se me está volviendo costumbre, con lo que me molesta la impuntualidad. Sin embargo esta vez no fue un desperfecto mecánico, ni siquiera fue el tráfico el que hizo que me retrasara. Llegué a tiempo al lugar al que iba, el cual desgraciadamente no era el mismo en el que me esperaban. ¿Cómo es eso? Pues que no se me ocurrió preguntar en dónde estaban las oficinas, di por sentado que lo sabía, lo "corroboré" en internet, y al llegar... otra empresa ocupaba el inmueble. Total que llamé, me dieron la nueva dirección y 20 minutos después el taxista me estaba dejando en la esquina del lugar correcto. Lo malo fue que ese edificio no estaba numerado, y yo iba ya tan preocupada que corrí calle abajo y luego calle arriba hasta dar con el sitio indicado. Saliendo de mi cita me di cuenta que me lastimaba un dedo del pie. Claro, una pequeña ampolla fue el resultado de tanto vaivén en esos zapatos de plataforma. Y eso que los compré sintiendo que eran los tacones más cómodos que me hubiera puesto en mi vida. Alguna vez escuché una teoría que decía que los zapatos de tacón alto los habían inventado los hombres para hacer menos hábiles a las mujeres. A mí me suena muy lógico. ¿Por qué alguien usaría alto tan incómodo? Supuestamente nos vuelven más gráciles, estilizan la figura... pero yo rara vez he visto a una mujer que sepa caminar bien sobre ellos. En mis años mozos (que no fue hace mucho, digamos, unos 5 años) y por los eventos a los que debía asistir por mi trabajo, me di a la tarea de dominarlos. Sobra decir que nunca lo logré. Recuerdo un día llegar a mi departamento casi llorando del dolor de pies. En el pasillo me descalcé y apenás crucé el umbral de la puerta, aventé lejos esos divinos tacones de aguja con el frente moteado, los cuales POR SUPUESTO nunca he vuelto a usar. Otra vez estando embarazada casi me caigo en una escalera por querer presumir de seguir siendo muy arregladita a pesar de mi estado. Entonces, no uso este tipo de calzado por tres sencillas razones. Porque con ellos me siento vulnerable a una caída, porque lastiman y porque con ellos no puedo correr. Creo que la única ocasión en donde se justifican son aquellas en las que no se va a caminar más que unos cuantos pasos, o sea, para ir a cenar o para ir a una reunión en la cual hay donde sentarse. Sin embargo, hay veces que me siento un poco obligada a usarlos, como ayer. Es como si presentarse en flats atentara contra el protocolo. No entiendo por qué la sociedad es tan injusta con los zapatos de piso, si son tan lindos...

miércoles, 10 de junio de 2009

También en el trabajo se puede ser "verde"




Siguiendo con el tema ecológico, la oficina juega un papel importante en todo esto, pues muchas veces pasamos más tiempo ahí que en la casa. Se pueden hacer cosas tan fáciles y personales como llevar un termo para el agua o una taza para el café, en lugar de estar comprando botellitas o desperdiciando vasos de unicel. Sin embargo, lo que me parece más importante en cuanto a la consciencia ecológica en una oficina, es el uso del papel. En los lugares de trabajo se mandan imprimir miles de documentos de manera inútil, a veces ni siquiera las recogen de la impresora. Eso y que no hay cultura del reciclaje de las hojas. Yo que trabajo con muchas fotocopias, al terminar de usarlas procuro cortar las hojas y reutilizarlas para escribir recados, para que mi hijo dibuje, o bien, las voy juntando y las llevo a un centro de reciclaje .
Otra malísima costumbre que he observado es la de dejar la computadora prendida, no sólo por la noche, ¡a veces todo el fin de semana! Pero si no cuesta nada apretar un botoncito para apagarla... Y por último, el uso del auto es un tema que tiene mucho que ver con la rutina laboral. No es difícil encontrar un aventón, y al contrario, prescindir del auto una vez a la semana puede hacer una diferencia. Además, ¡no manejar un día siempre se agradece, al igual que la compañía! Estas son las medidas que se me ocurren a mí para cuidar el planeta también fuera de casa, ¿tú qué haces en tu empresa?

lunes, 8 de junio de 2009

Por la casa se empieza




El viernes se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente. En el espíritu de promover las pequeñas acciones que uno puede realizar en casa para lograr hacer una diferencia, enlisto a continuación algunas medidas muy sencillas. Yo las hago y me parece que es cuestión sólo de disciplina y costumbre.

1. Separar la basura. Nunca lo he llevado al extremo de clasificar vidrio, papel, cartón, etc... Pero dividir la orgánica de la inorgánica no solamente es sencillo, ¡también evita que los botes de basura huelan mal! Y tristemente, no conozco más de un par de hogares aparte del mío en donde lo hagan. El pretexto de "en el camión de todos modos la revuelven" no vale.
2. Preferir los productos biodegradables. Detergentes para ropa y trastes, productos para la limpieza de la casa, bolsas para basura, pero sobretodos, ¡pañales! Un bebé usa por lo menos 3 mil pañales hasta que aprende a ir al baño, y esta cantidad de residuos tarda ¡500 años en desintegrarse! Los biodegradables tardan solamente entre 5 y 10 años en desaparecer. También hay que separarlos del resto de la basura.
3. Cuidar el agua. Cerrar la llave cuando no se trate de enjuagar algo y reutilizar la que se pueda para los retretes. Idealmente también hay que cambiar los w.c. de la casa para que no todas las descargas sean de 6 litros. Eso representa un desperdicio de agua injustificado.
4. Mata a los vampiros. Esto es, a los vampiros de energía. Desconecta todos los aparatos que usen el stand by aunque estén apagados (o sea, los que mantienen un foquito rojo prendido cuando no se están utilizando), y conéctalos sólo cuando los vayas a usar. El modo de stand by consume mucha luz y no sólo afecta al medio ambiente, ¡también a tu economía!
5. En lo posible, ventila tu hogar naturalmente, evita el uso de aire acondicionado y ventiladores. Esto aplica también a las secadoras de ropa. ¡Además, el sol blanquea la ropa!